
motché
LA HISTORIA
DE LA ORFEBRERÍA ANDINA
CONTINUA
3.000 años
de culturas joyeras
en Perú
Desde hace casi tres milenios, el oro acompaña la historia del Perú.
En los Andes, los metales preciosos nunca fueron simples riquezas.
Su resplandor pertenece a los astros; su permanencia, a lo sagrado.
En manos de los orfebres, se convirtieron en ornamentos, símbolos de poder e identidad, objetos de creencias y de transmisión.
Una historia de materia y de manos, de gestos aprendidos, perfeccionados y transmitidos, a veces olvidados.
Gestos que Motché elige hoy hacer revivir.

Collar de oro y turquesa, descubierto en el sitio arqueológico de Jiskairumoko, región de Puno, Perú. © Mark Aldenderfer, 2008.

Aplique Chavín de oro, Horizonte Temprano (400–300 a. C.). Dumbarton Oaks Research Library and Collection, Washington, D.C., inv. PC.B.605 © Dumbarton Oaks

Reconstitución de una corona de cobre dorado, Mochica Medio (400–650 d. C.). Tumba del Señor de Ucúpe, sitio arqueológico de Huaca El Pueblo, 2010–2013. © Ministerio de Cultura del Perú.

Detalle de un ornamento de oreja de oro Lambayeque (900–1100 d. C.). Tumba Este, Proyecto Arqueológico Sicán, 1992. © Museo Nacional Sicán.

Nariguera. Ornamento nasal de plata, Chimú (900–1470 d. C.). Colección del Museo Larco, Lima, Perú, ML100749. © Museo Larco.

Túpac Yupanqui, undécimo Inca. Época colonial, mediados del siglo XVIII.
Colección del Brooklyn Museum, 1995.29.11 © Brooklyn Museum.

La llegada de Cristóbal Colón al Nuevo Mundo. Théodore de Bry, a partir de los relatos de Girolamo Benzoni, 1594. Grabado publicado en Americae pars quarta, 1594. Rijksmuseum, Ámsterdam, inv. RP-P-BI-5278. © Rijksmuseum.

Relicarios de plata y piedra de Huamanga policromada. Puno, siglo XVIII.
Pendientes de plata y oro, diamantes y perlas. Cusco, siglo XVII.
Crucifijos de plata. Cusco y Puno, finales del siglo XVIII.
Colección Enrico Poli, Perú. © Manfred Einsiedler y José Luis Macedo.

Análisis cuantitativos mediante MEB-EDX de una cuenta de collar de oro recubierta de pigmentos rojos, perteneciente a la colección del Musée des Amériques de Auch, Francia. © Carole Fraresso.

El gesto recuperado, grabado en el oro. © Motché

Un saber ancestral que transmitir para que los gestos perduren.
© Motché
HACIA 2000 A.C.
LOS PRIMEROS GESTOS
Todo comienza con una lámina de oro.
A orillas del lago Titicaca, se martilla, se aplana y luego se enrolla sobre sí misma. Bastan unos pocos gestos para formar las cuentas de un collar.
Transformar la materia. Darle forma. Llevarla junto al cuerpo.
Así comienza una de las historias de la joyería más antiguas del continente americano.
Con un gesto técnico.
1250–200 A.C.
EL ORO SE CONVIERTE EN LENGUAJE
Con la civilización Chavín, el oro cuenta historias.
Martillado en láminas de extraordinaria finura y trabajado en relieve, se convierte en corona, ornamentos de oreja o pectoral. El oro transforma el cuerpo tanto como lo adorna.
Sobre su superficie aparecen el felino, el ave y la serpiente. Tres figuras sagradas que conectan el mundo de los vivos con los planos celeste y subterráneo.
A partir de entonces, la joya se convierte en lenguaje.
Una manera de narrar el mundo y de ocupar un lugar en él.
200 A.C.–800 D.C.
EL ARTE DE INNOVAR
En la costa norte del Perú, los orfebres experimentan.
El cobre se combina con el oro y la plata. Las aleaciones ofrecen una paleta de colores y modifican las propiedades del metal. Las técnicas de dorado, empleadas tanto por razones simbólicas como económicas, se perfeccionan.
Con los Mochicas, la lámina de metal se convierte en un extraordinario campo de expresión.
Alear, martillar, embutir, contraer, repujar, cincelar, soldar, dorar. Bajo la mano del orfebre, la lámina se ahueca, se tensa, adquiere volumen y color.
Las joyas cobran movimiento y sonido. Colgantes, reflejos y tintineos acompañan los movimientos del cuerpo.
El gesto técnico se convierte, desde entonces, en un arte.
900–1100 D.C.
EL ORO EN MOVIMIENTO
Con la civilización Lambayeque, el oro recupera un lugar soberano.
Los gestos heredados de las generaciones anteriores perduran, pero el lenguaje cambia.
El calado contrapone con sutileza el lleno y el vacío; los hilos de oro dibujan espirales y ondas; diminutos gránulos salpican las superficies. Las formas se vuelven más majestuosas, los motivos más delicados y el oro se anima con colgantes móviles.
De una civilización a otra, los gestos perduran, se transmiten y se reinventan.
900–1470 D.C.
EL PERÍODO DE LOS MAESTROS
Bajo el Imperio Chimú, las artes de la joyería alcanzan una notable madurez.
La plata adquiere un nuevo protagonismo junto al oro. Las joyas se estructuran casi como arquitecturas, donde líneas y volúmenes, superficies llenas y caladas, mates y brillantes, componen un lenguaje de gran elegancia, dedicado al universo marino y a las fuerzas femeninas de la naturaleza.
El cincelado, el punteado y el estampado enriquecen aún más el repertorio de los artesanos.
A lo largo de los siglos, generación tras generación, se constituye un verdadero patrimonio técnico.
El de los maestros orfebres y plateros de la costa norte del Perú.
HACIA 1470 D.C.
EL ORO IMPERIAL
Cuando los Incas incorporan el reino Chimú al Tahuantinsuyo, heredan una tradición metalúrgica forjada a lo largo de casi dos milenios de experimentación.
Los grandes orfebres de la costa norte son trasladados al Cusco, junto al Inca y su familia.
Sus saberes y técnicas pasan a formar parte de un vasto imperio que reúne pueblos, tradiciones y creencias en torno a un «orden sagrado».
El oro y la plata continúan encarnando al Sol y a la Luna, dos fuerzas opuestas y complementarias que estructuran el pensamiento andino. Juntas expresan el equilibrio del mundo.
El saber hacer se ha convertido en asunto de Imperio.
1532 D.C.
LA RUPTURA
La Conquista española transforma profundamente este orden.
Joyas y objetos ceremoniales son reunidos, fundidos, dispersados o despojados de su función original. Con ellos desaparece también parte de los símbolos de poder, de las identidades y del mundo al que pertenecían.
Los grandes centros de producción se ven profundamente alterados. Se pierden saberes y fórmulas. Algunas técnicas caen en el olvido y las cadenas de transmisión se interrumpen.
Una historia iniciada milenios atrás parece interrumpirse.
Sin embargo, la mano recuerda. Algunos gestos perduran.
SIGLOS XVI–XX
UN LEGADO EN TRANSFORMACIÓN
Tras la Conquista, la tradición joyera del Perú inicia un nuevo capítulo.
Cambian quienes encargan las piezas, cambian también los usos, y surgen nuevas formas al contacto con el mundo europeo.
En los talleres de la época colonial y virreinal, artesanos indígenas, españoles y criollos dan forma a un nuevo lenguaje, adaptando sus prácticas a una sociedad en plena transformación. La plata, procedente en gran parte de las minas de Potosí, en Bolivia, adquiere un papel preponderante. En manos de los artesanos, se convierte en objetos litúrgicos, piezas de representación, monedas, vajilla y joyas.
De este encuentro nace un arte del metal singular, expresión del sincretismo entre el legado andino y las influencias europeas.
La época republicana prolonga estas transformaciones. Con el paso de los siglos, algunos saberes desaparecen; otros evolucionan y se adaptan.
Los gestos encuentran nuevos caminos.
SIGLO XXI
EL ENCUENTRO
ENTRE LA CIENCIA Y EL OFICIO
Carole Fraresso realiza la lectura tecnológica de los objetos. El orfebre reproduce los gestos que les dieron forma.
Arqueometalurgista y especialista en orfebrería andina, desde hace veinte años dedica sus investigaciones al estudio de los metales preciosos, las técnicas y los saberes desarrollados por estas civilizaciones legendarias.
En el Perú, toma conciencia de la fragilidad de este legado. Algunos gestos tradicionales solo perduran en manos de unos pocos artesanos.
Decide entonces asociarse con uno de estos orfebres peruanos para preservar estos saberes y ofrecerles un nuevo espacio de expresión.
Una aporta el conocimiento científico. El otro, el dominio técnico de la mano y la memoria del gesto.
De este encuentro nace Motché.
2010
MOTCHÉ . CREAR PARA PRESERVAR
Preservar un patrimonio es permitirle seguir vivo.
En su taller en el Perú, la Maison propicia el encuentro entre los gestos y saberes tradicionales y la creación contemporánea.
Martillar, repujar, estampar, grabar, cincelar, calar, ensamblar: cada gesto compone un lenguaje joyero que se reinventa. Las formas del pasado no se reproducen. Se estudian, se comprenden, se reactivan y se reinterpretan con libertad.
En cada creación Motché, el legado cobra nueva vida y continúa escribiendo su historia en el presente.
MAÑANA
TRANSMITIR PARA PERDURAR
Un gesto solo vive cuando pasa de una mano a otra.
Motché trabaja hoy en el proyecto de crear en el Perú un Taller-Escuela destinado a formar a una nueva generación de artesanos en las técnicas tradicionales de la orfebrería andina.
Junto a los maestros artesanos, nuevas manos aprenderán a dar forma al oro de los Andes. Y un día, serán ellas quienes transmitan estos saberes.
A través de este proyecto, la creación contemporánea se convierte en el impulso de una nueva transmisión.
Crear. Preservar. Transmitir.
Esta es la misión de Motché.